Cuando alguien ve un marco terminado, pocas veces imagina el tiempo que hay detrás. No hablamos solo del trabajo manual, sino del proceso natural que cada pieza de madera necesita antes de poder convertirse en algo estable y bello. La madera, como la cerámica o el vino, necesita tiempo para transformarse.
Una de las claves de un marco duradero es el secado correcto de la madera. No basta con cortar y ensamblar. Si la madera no ha sido curada con paciencia, si no ha perdido la humedad justa, con el tiempo se deformará, se agrietará o perderá su forma. Es un proceso que no se ve, pero que se nota mucho con los años.
En LOGOS LUCSO solo trabajamos con maderas que han pasado por procesos de secado natural o controlado, respetando sus tiempos. Preferimos esperar a correr. No usamos aditivos para acelerar lo que solo el tiempo puede hacer bien. Además, elegimos proveedores que cuidan el origen de cada pieza: maderas que vienen de talas responsables, tratadas sin químicos agresivos.
Trabajar con madera real también significa aceptar sus particularidades. Ninguna pieza es igual a otra. Las vetas, los nudos y las imperfecciones son parte de su carácter. Lo importante es saber cómo tratarlas, cómo cortarlas y cómo dejarlas hablar.
Un marco no empieza cuando se lija ni cuando se monta. Empieza mucho antes, cuando alguien decide respetar el tiempo de la materia. Eso es lo que nadie ve, pero es lo que realmente marca la diferencia.